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AEROTICA - En un bosque de la China - Relatos Eroticos - Relatos Eroticos Sensuales, de Sexo, Gratis

Navegaciones y Regresos

Este extraño remolino de pasiones solía contarlo con lujo de detalles, Tiziano Argüello:

La bella Sara se sabía amada y deseada por Esteban el héroe, llamado así porque solía tener sueños eróticos con Molly Bloom, pero estaba seriamente apasionada por Juan Carlos, un pálido y jorobado estudiante de Derecho, quien convivía con una abogada cuarentona llamada Celia, aficionada a hacer la felación con tragada del semen, recién separada de Álvaro, un empresario de pompas fúnebres, morboso, necrólogo, alcohólico, quien por su parte se organizó con Aura María, tan pálida que parecía disecada, cuyo gran amor era Jorge Eduardo, un piloto civil que gustaba transitar en su avioneta bajo los cielos bogotanos en compañía de Ágata, mujer que le proporcionaba toda clase de caricias eróticas mientras navegaban por los espacios sabaneros, y quien compartía sus amores con Nora, una exuberante caribeña casada con Chema, político liberal que sufría de priapismo, el mal de Príapo, erección continua y dolorosa del pene, según el Larousse, quien a su vez era amante de Xenia, la gerente de una empresa de petroquímica, quien compartía su insaciable sexualidad con Arturo y Vicente, dos gemelos agricultores, que tenían por costumbre masturbarse el uno al otro con la mano izquierda y que convivían con Dorita, una enana que vendía libros y que en verdad era la amante de la soprano Larissa Gonzalo, famosa no solo por la pureza de su voz sino por la longitud de su clítoris, quien compartía obsesiones con Paquita, una antropóloga mulata, amante del guerrillero “Constantino”, marido de una anciana bisexual llamada Dorotea, viuda alegre y millonaria, quien había seducido a su nieta adolescente Sara, la bella, la admiradora del pálido y corcovado Juan Carlos, pero resignada a compartir con Esteban el héroe el onanismo consuetudinario por el amor a una mujer inexistente, o quizás más real que todas, gracias a la asombrosa imaginación del más grande de los escritores del mundo.

José Luis Díaz Granados.

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