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Matildita se arrodilla para oral


Si alguien me preguntase: ¿cuál es su mueble predilecto?. No vacilo, no dudo; sin hesitar declaro ¡mi sillón de cuero... blanco y gris!. Creo haber contado en otra ocasión que, por mi masa corporal, las camas o equivalentes no resultan para nada cómodas a la hora del tránsito per angostam viam, o dicho de manera rústica de que me ensarten por el culo. Mi preferencia también acarrea momentos incómodos: como no hay rosas sin espinas, de la misma manera algunos de mis amantes se pasan de la raya, en realidad siempre se pasan de la raya, pero en este caso hablo de una raya metafórica. Por ejemplo el zafado de José Ignacio, que se cree muy gracioso, se puso a gritar en una ocasión, mientras me la metia ¡Soy Ahab...soy Ahab.. arponeando a Moby Dick !. Fue la última vez que lo ví, no me gustan los desubicados, aunque en otro sentido el tipo sabía muy bien como ubicarla.
Pero volvamos al sillón de cuero blanco y gris, esta vuelta mi galán era Gabriel, que de arcángel tiene poco o nada. Al principio dadas las circunstancias, en pleno fornicio, no me dí cuenta.
Gabriel acabó en mi culo y sin demora...sin ninguna demora la sacó. Inmediatamente, muy apurado, dió la vuelta hasta ponerse frente a mí, que seguía de rodillas en el sillón como para rezar: quería que se la chupase.
Me pareció un poco fanfarrón, en ese momento su verga tenía el mismo tamaño, consistencia y color de un dátil. Pero yo me sentí generosa, y amable. Lentamente, como quién saboreara el fruto mencionado, me la metí en la boca. Pero algo me molestaba, como una cosquilla, cual aleteo de una mariposa que rozara mis nalgas con cada movimiento. A medida que el dátil crecía, despaciosamente, de tamaño mi entusiasmo aumentaba y junto con este ese roce.... como de mariposa.
La realidad no siempre es visitada por la poesía
, lamentablemente. La mariposa no era tal, se trataba del condón que Gabriel en su presurosa retirada había olvidado, incrustado en mi culo como una banderita.

Traducción del francés: Aristide Surcoff.

 

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