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AEROTICA - En un bosque de la China - Relatos Eroticos - Relatos Eroticos Sensuales, de Sexo, Gratis

Eyaculación Precoz - II

Desde hacía dos años me había acostumbrado a saludar a una mujer madura de rostro inexpresivo, blusa descolorida y un bluyín ancho seguramente heredado de un campeón (o campeona) de sumo japonés.

Esta vez, antes de oprimir el timbre del ascensor, la mujer me saludó. Con las cejas angulosas y una actitud imperativa, los ojos negros, grandes y profundos, los pómulos salientes en esa piel morena clara, la boca entreabierta, el escote discreto, provocativo, un vientre prominente y un culo redondo partido en dos hemisferios, más atractivo aún por lo ceñido de la minifalda verdiblanca, las piernas macizas que enseñaban dos muslos acanelados, hizo un súbito y sorpresivo ademán de rascarse el bulto triangular de modo mórbido y francamente descarado, que me hizo sentir los más arteriales instintos primitivos y sin pensarlo dos veces la abracé y le besé los labios con suavidad impetuosa, con todas las fuerzas de mi lujuria contenida y con toda el hambre de deseos que hubiese podido sentir en toda mi vida.

Todo ello, inesperadamente correspondido. Fueron segundos, pues en cualquier momento alguien podría aparecer por el pasillo, por el elevador o las escaleras, de manera que sentí su lengua tórrida lamer la mía y sus contornos, sentir su intenso calor y su olor a vagón abandonado y sin saber cómo ni cuando sentí que de mi verga recién bañada, enjabonada y empolvada con talco, manaba un torrente de semen desesperado y feliz, impetuoso y delicioso a la vez, semen total, provocado por ella, la hembra sorpresiva, toda una catarata de semen, río de leche pegajosa, y mis labios quedaron impregnados de ácida piel y de miel voluptuosa, y los de ella llenos del alma mía y ya no hubo ascensor ni lavado de pisos, ni sol ni día, ni trabajo, ni orden, ni luz real, sólo nosotros dos, creados por los ojos y la piel de los sueños, de hirviente sangre y de pecado puro.

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José Luis Díaz Granados.

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