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Estrella


Autor: Oizyru-Ahm.

                                                          Expansión

            Pierdo toda noción de individualidad, entonces me muerdo un labio con mucha fuerza ¡sangra manantial! y beso su boca excitada, congelada, que contrasta con el absoluto físico. Su respiración torna en vendavales que van devastando sobre mi cuello, mis hombros y luego mi rostro, nuestras frentes juntas, ella tomada con ambas manos de mi cabeza. La agitación es incontenible ¡explotan, explotan, explotan sus caderas y la onda expansiva hincha las mías! ¡Como se desborda nuestra piel en magníficos hilos dorados!... ella chorrea mis piernas en su goce hecho materia viva; se da un tiempo para respirar, tomando grandes bocanadas de aire, se ríe con picaresca y falsa inocencia, toma y arrastra lentamente mi cabeza por sus senos que se estremecen, muerdo su vientre transpirado y me dejo llevar al abrazo de sus piernas. Mi nariz se deleita y mi lengua sedienta se da el gusto en movimientos espira lados. Se le endurece el clítoris, chupo los labios brillantes calmando el ardor en mi garganta, me tiento y no me resisto ¡entonces muerdo con los colmillos destrozando la carne! "¡Ay verdugo mío!-apenas balbuceaba-¡ay qué pronto la sed  se me a despertado!-oí su voz dentro de mi mente-¡ay de ti verdugo mío que a cambio de esto tu alma a los abismos has entregado!-me corrió de un golpe en la frente y se sentó acariciándose los pechos, la panza y luego la vagina, estirando el cuello a un lado y luego al otro rozando los hombros con los labios que apenas dibujaban una cruel sonrisa. Me miró con sus ojos grandes que estaban primero plácidos y luego dolidos, hizo una mueca aniñada y me abrazó desesperada secando sus lágrimas en mis mejillas-De antes que estáis muerto-dijo con voz ronca, clavó su mirada en mis ojos y desnudó mi mente a gusto-¿acaso tanto me anheláis que me obsequias de tu vino en besos apasionados? - malicioso y desolado el eco de su risa que en el valle perduró largamente-¡pero que infantil sois! -y volvió a abrazarme aunque no pude evitar sentirme completamente solo, frío por dentro, ya ni lágrimas quedaban para mis ojos perdidos…dejé caer la cabeza hacia atrás...y un velo oscuro como la noche cubrió mi rostro... y un sueño horrendo espantó mi vida. Lloré desesperado en la oscuridad. Y desde lo hondo de la soledad, semienterrado en el lodo, al pie del bosque espinoso, en un grito desesperado llamé a lo irreal:

                                          "¡¡Necesito tu luz para dar sombra!!"

-Cautela...cautela, guárdate de ti, no hagas como yo que me he convertido en muerte, en el destructor de los mundos ¡No permitas que profanen la inocencia en vano!-susurraban las voces guturales que corrían por debajo del lodo. Entonces en lo alto, ella abrió grande los ojos. Y el intenso eco de sus palabras misteriosas me elevó vibrante, la mujer gigante dejó caer una lágrima sobre mis labios que purificó todas las sustancias.

                                                           Reflexión

Tuve miedo al placer ¡y ella se hizo luz! Apaciguó mi debilidad entre sus brazos y con besos que sentí y no que imaginé. Llorando tiernas lágrimas, con los labios temblorosos  me jadeó al oído con los ojos cerrados:

-Nuestra relación encadenó al amor y lo alimentó con malicia. Si tienes miedo en la edad del origen, la época alejada del romance, deja atrás los elogios, quizá en ya bastantes planos irradió el renacer de nuestros ideales. Olvida todo, todo, sólo entrégate y volvamos así a sentirnos vivos como  antaño cuando ninguno se había inventado ninguna mentira, cuando no éramos nadie el uno para el otro, salgamos juntos de la encrucijada.

-La luz, la calidez, la sabia protección  del presente, condición de magnífico león que sitúa la cabeza en tu seno. –conteste-OH! mujer que alimentaste mis sueños  remotos, esa sensación de vacío que nos aleja del centro turbado de nuestros corazones, ahí, donde nacimos como luz  y no como cuerpos. Jamás existió algún amor en la condición perfecta de nuestra imaginación_ “¿Te has hecho real, tomaste algún cuerpo similar, quieres decirme que mi vida ya a concluido, que he vagado en lo incierto, tan ciego fui que ni a la muerte pude reconocer?” solo lo pensé, sin atreverme a pronunciar  palabra alguna ante el espejismo de hierro “OH! espectro oscuro con aliento de mujer ¿tan grande fue mi egoísmo que ni a ti ni a tu contraparte y lo que hay en ella fui capaz de amar verdaderamente? Esto es el infierno, ya ni dolor, ni angustia, ni temor, nada es posible en la inexistencia.”

                                                           Ausencia


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