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Estrella


Autor: Oizyru-Ahm.

                                                           Estrella de la tarde

 

            "Pisaste el sello sobre la altiplanicie abatida por vientos que grandes remolinos levantaban  rodeándote como columnas de un templo en algún tiempo glorioso, y del cielo tormentoso cayó un rayo, como a veinte pasos frente a ti, sobre un gigantesco acebo muerto de rocosa y opaca madera negra. Apenas los cilindros de arena parda disimulaban sus revoluciones, a tus pies la mastaba negra  se ensanchó  dividiéndose en cinco partes concéntricas, un cilindro de luz te devoró. El tiempo para ti se detuvo... Moviste una mano y te hiciste plano, suspiraste y tus propias entrañas te devoraron, sólo quedó tu boca que cayó como el pétalo de una rosa y de ella resurgiste como  la vertiente debajo de la roca... ¡No, no abras los ojos aún porque sino ya nunca más volverás a unirte!...Ahora sí, déjate invadir de mí ¡que tu espina sea libre!...Ven amor mío a mis brazos, tu reina te lo  ordena,  ven  a beber de mis labios y dejadme llenar los pulmones con tu aliento fresco."
           
            Me encuentro en una plataforma rodeada de suave arena color ocre y gris. Mis manos están electrificadas.

             Miro el cielo sobre las montañas, sola una estrella inmensa  reina en el manto  índigo y turquesa ¡Por fin salí!

            Ella estuvo todo este tiempo meditando junto al río, desplegando como alas al viento las sedas negras de finos bordados de plata que envuelven su piel espolvoreada en diamantes, mi ilusión perfecta. La mujer se acerca, un paso y otro más, abre los ojos y una flama azul sale como un rayo paralizando mi cuerpo entero, extasiando profundamente mi alma. Quizá fue aquel un dolor tan grande que se desbordó mi sensibilidad.
                                      
                   Durmió un tiempo, dos tiempos, tres tiempos la conciencia tranquila
 
            Dando sacudones, como siguiendo una música mágica estridente así como el canto armonioso al desplazarse los astros, desperté otra vez en el suelo, aunque completamente desnudo.

-A tus espaldas, lejos, allá en lo alto brilla una estrella a la que le diste mi nombre-dijo con voz de emperatriz sobre un suave gemido que me retorció la espalda de placer y completamente desprendida del mundo se posó en el suelo como una escultura hindú, en sus labios tenía la misma expresión perturbadora que en los ojos. La blanca Dama inmortal, muy decidida  avanzó, tomó mi rostro entre sus manos, jadeó muy suave casi imperceptiblemente y me dio de beber en sus besos su saliva de blanco vino y miel. Inmediatamente se sentó encima mío apretándome la cintura con las piernas, dejando caer la cascada castaña de su cabello sobre mi espalda...muy lentamente, apenas moviéndome, siempre permitiéndole al suave dolor desbordar la estabilidad psíquica, la penetré con cierta delicadeza que no ocultó en nada mi fuerza juvenil y llegar al fondo la presión hizo todo más exquisito...Amo la sal en sus pechos tensos y su piel que repentinamente despide un fuerte olor a nardo y jazmín abarcando toda la atmósfera, transportándome por las infinitas galerías que exhiben las diversas formas de morir...¡Percibo su flujo, su influjo, el torrente que acelera en sus venas, y su corazón yembé de mi yembé!...sus pequeños labios magenta se abren húmedos, se muerde la punta de la lengua (actúa las escenas que plasmaran alegría y dolor en mi memoria), sonríe para mí deleite...¡Ah!...¡Con una mano me tira  el pelo que extrañamente me llega a la cintura y con la otra se tapa la cara sin dejar de mirarme entre los dedos, su cuerpo entero se hincha temblando, sudando, su columna da latigazos sobre el lomo de los corceles feroces que arrastran con sumo poder el carruaje colorido y luminoso que desciende como alud por el vientre vibrante! Suelta un grito agudísimo, casi inaudible, que captura la atención de mis orejas que se alargan puntiagudas ¡Y su cuerpo que despide auroras boreales estallando hechas fuego contra mi pecho encendido! Cierro los ojos e invaden mi mente  recuerdos activos. Cuanto la extrañaba.


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