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En el Club de los Eunucos - II

El Conserje sostuvo la mirada, sorprendida, de la mujer a la que el exceso de cerveza obligaba a mear como una yegua. Nada le dijo espero calmo a que el chorro parara y, siempre en silencio, con un ademán le indicó que lo siguiera. Ella fue tras él avergonzada y temerosa, pero nada pasó. Cruzaron algunos corredores, descendieron por una pequeña escalera de mármol y el Conserje abrió una puerta que daba a la calle Cangallo.

Semanas más tarde, con carcajadas atipladas, los eunucos festejaban la respuesta dada por El Conserje a la reiterada pregunta

-¿Cómo supo, sin dudar, que era una mujer-?

El impasible respondía: por el Pistón de Jeannette.

Relatos Eroticos - Clea

Pero volvamos a la Noche del Concurso, cuando el jurado aún no se había reunido. Siempre que se concursaba era dificultosa la elección del mencionado jurado, dado que el ganador debía ser incuestionable. Tiempo atrás se habían estipulado dos categorías la primera era la de Eunuco Fortuito, y abarcaba a todos aquellos a los que un accidente, o hecho fortuito los dejara sin huevos. Luego la más exclusiva, la de los Eunucos Clásicos o Voluntario, es decir aquellos que por decisión debida a causas ideológicas, refinamiento o simple pelotudez, fueron despojados de parte importante de sus atributos. Antaño, luego de una ardua asamblea, la mayoría votó porque el jurado estuviera formado por mujeres. El porqué de esa decisión es parte de otra historia, lo concreto es que desde entonces, y una vez por año, las puertas del Club de los Eunucos se abria para dar discreto acceso a cinco mujeres. Distintas en cada ocasión que se celebraba el Concurso.


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Prylidiano Buster.

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