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El día de Lesbia

Autor: Claudia Mackeorn.

-¿Quién? Dijo Patricia. Lesbia señaló con la cabeza. Patricia se hizo la desentendida y levantó la ropa de la silla sin responder. Se dirigió al centro del salón y comenzó a dar las directivas para la clase.

-Hoy vamos a tener con nosotros una modelo, su nombre es Lesbia y se va a quedar aquí sentada hasta las doce. Es la oportunidad que tienen para observar el cuerpo de una mujer bella y retratarlo. Quiero que se concentren en cualquier parte de su cuerpo que les parezca interesante y lo destaquen.

Lesbia ingresó al estudio y se sentó en la banqueta luego de quitarse la bata. Sus largas piernas cruzadas fueron una de las partes elegidas por los jóvenes artistas.

La voz estentórea de Patricia retumbaba en el tinglado de chapas y volvía amplificada con un sonido metálico hacia los alumnos. - Dentro de dos horas Lesbia cambia de pose, así que no pierdan su tiempo y gasten los carbones. No ahorren hojas. Lesbia va a estar sentada frente a ustedes solamente hoy; al menos frente a todos ustedes. A pesar de su postura inmóvil, Lesbia pudo sentir que Patricia la miraba a ella mientras hacía el último comentario intencionadamente.

Se había sentado de frente al nuevo dibujante, le gustaba medir cuán incómodos se ponían ante la fijeza de su mirada y su desnudez deslumbrante y grácil. El muchacho que tenía frente de sí no podía sobrepasar los treinta y cinco años; era desenvuelto con la mano, algo que no pasó desapercibido ni para ella ni para Patricia con quien se disputaban siempre el centro. No parecía molestarle la mirada de Lesbia y por el contrario parecía disfrutar de mirarla con la misma firmeza.
Pasada una hora, Patricia se acercó a observar el trabajo del nuevo estudiante. Sólo le recomendó acentuar unas sombras y aclarar otras; la forma no necesitaba arreglos. Para ilustrarlo mejor se acercó con él a Lesbia y le acarició suavemente el contorno del muslo derecho con los dedos extendidos hasta el cruce de sus piernas. A Lesbia le costó mantenerse sin estremecerse; la pose no incluía el contacto físico. No le molestó la caricia suave y tibia, sino el hecho de que lo hubiera hecho para incomodarla frente al nuevo dibujante. Estos juegos eran típicos de Patricia que disfrutaba obstaculizando los suyos propios.

A las diez de la mañana ya se sentía aburrida y tenía ganas de tomarse un café. Marco se acercó y le ofreció la bata; al verlo cerca no pudo evitar sentirse complacida y le agradeció la atención. Se acercaron a la mesa para tomar algo. Fue así que Marco se enteró de que ella era, además de modelo, artista en su propio taller y que Patricia también hacía las veces de modelo para ella. El día calmo se había transformado en una...

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