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El deseo de los sentidos


Autor: Cristina G.M..

- Tócate para mí, gatita- me pidió mientras se acariciaba el pene erecto apresado entre tanta ropa.
- ¿Gatita? No, ¡Pantera!- y golpeé el suelo con la fusta.- ¡Fuera espejos! ¡Falso amor! de La Unión- y empezó a sonar con fuerza.
Un murmullo de agrado sonó en la grada y un grupo de personas apareció asomadas tras las paredes de cristal.
Con cada acorde de la canción, agitaba la fusta y me acercaba con golpes fuertes de cadera.
Lancé la fusta y lo esposé a la cama en unas argollas que encontré en el borde, me quité la gorra y la lancé a la grada, dejando libre mi cabellera larga que ondulante, me acompañó en mi contoneo.

- ¡Tocaos! – ordené a la concurrencia

Me subí a la cama y  como un felino me fui acercando lentamente hasta que me puse encima de él a horcajadas y le besé con verdadera pasión mientras le bajaba la cremallera de la cazadora y tras incorporarme un poco, le rompí la camiseta a jirones….el tendido vitoreaba animándome a seguir.
- ¿Seguimos con La Unión? ¡Negrita de La Unión! Tócate y penétrate con un vibrador- Dijo Álvaro alto y claro.
Con agilidad me bajé de la cama y me quité el tanga que tras olerlo de forma picarona, lo lancé a una mujer que estaba empezando a acariciarse y a desabrocharse la blusa dejando al descubierto turgentes senos. Lo cogió y lo olfateó con intensidad excitando al hombre de al lado, que se acercó por detrás y le levantó la falda ¡No llevaba bragas!...Me excitó mucho la escena pero creo que aún más ver como se ponía mi tanga para que la penetraran con él.
Mientras veía la escena apoyé mi pie derecho sobre la cama abriéndome de piernas; cogí lubricante y tras extenderlo por uno de los vibradores, me lo introduje en la vagina y me acaricié  el clítoris….Oí a Álvaro gemir y suplicar que le desabrochara el pantalón.

- ¡Flashes! –gritó

La luz blanca intermitente entrecortaba las imágenes y las personas que nos rodeaban parecían figuras de porcelana con muecas irreales de placer que realizaban las más variadas posturas sexuales: la mujer del tanga estaba siendo penetrada y sus pechos ondulaban como péndulos en cada embestida; un hombre estaba haciéndole una felación a otro y sus manos acariciaban su torso parcialmente desnudo; otro se masturbaba apoyando una de las manos en el cristal…
La música fuerte amortiguó el grito de placer que emití al alcanzar el orgasmo y tuve que sentarme porque las convulsiones me azotaron desde la cabeza a los pies impidiéndome conservar el equilibrio sobre semejantes tacones.
- ¡Fuera flashes! ¡Álbum Look of love de Diana Krall! - Ordenó Álvaro mientras me recuperaba.
Le besé y recliné mi cabeza sobre su pecho intentando escuchar su latido tranquilizador. Le quité las esposas y ya con las manos libres, me abrazó, desabrochó el corpiño y me despojó de él mientras me tumbaba en la cama boca arriba. Se levantó y quitó la ropa lentamente pero con decisión dejando libre su torso bien modelado en el gimnasio y su pene bien erecto…Me hizo reír mientras hacía el striptease.
Se untó las manos con aceite antes de acariciarme y al sentir que temblaba, ordenó que se encendiera el foco central que nos iluminó con una luz cálida como si de un sol del medio día estival se tratara. La mano resbalaba sobre mi piel penetrando la calidez de la luz en cada caricia. El vello, sintiéndose acogedor, se desperezó estremeciendo mi interior, llenándolo de una energía sexual tan intensa que excitó cada poro de mi piel. La ternura de sus besos en mis labios y cuello me acunaron mientras me arrastraban a un mundo de semiinconsciencia….
Lamió los pezones con su lengua húmeda y muy lentamente fue recorriendo el vientre camino del ombligo. Mientras, con los dedos, fue retirando el vello que cubría mi sexo y cuando lo liberó, con la punta de la lengua rozó el clítoris que ya no podía estar más excitado…Gemí y mi espalda se arqueó de placer. Antes de llegar al punto álgido de mi orgasmo, me penetró y una explosión de vida y felicidad irradió desde nuestros cuerpos hacia el universo, pujando por brillar más que las propias estrellas. Con cada cambio de postura y embestida, el murmullo fue creciendo aunque no me percaté de ello hasta que ya no se podía escuchar la música.
-….
Sin abandonar mi orgasmo, Álvaro alcanzó el suyo y nuestros gritos de placer retumbaron amplificados en estéreo por los numerosos clímax que nos rodearon.
Abrazados uno al lado del otro, contemplamos  las numerosas caras de satisfacción que nos rodeaban.

Por supuesto que nos hicimos socios.
Una duda me ronda ¿fueron ellos los mirones o nosotros? ¿Tú qué crees?

Cristina G.M.


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