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El deseo de los sentidos


Autor: Cristina G.M..

El cava y el ambiente acogedor me hicieron sentir relajada e ilusionada.
La sala de bienvenida estaba localizada en la comisura del ojo (lo que sería la zona del “conducto lacrimal”) y tras atravesar una puerta, fuimos rodeándolo por el “párpado superior”, visitando salas (que en esos momentos no estaban siendo utilizadas) decoradas con mucho gusto y de estilos muy variados. Estaban las típicas como una alcoba del siglo XVIII, las mazmorras de un castillo, un ascensor, un probador, etc. y las originales como un bosque otoñal en el extremo opuesto del lucero, tan curiosa que os la voy a describir: En el centro de la estancia triangular, había una pareja de árboles desnudos de gran porte, que creí reconocer como un roble y un olmo, y sus hojas secas cubrían el suelo como si de una alfombra muerta de origen vegetal, libre para ser desplazada con un simple soplido o movimiento de las manos, se tratara. El crujido que se produjo al pisarlas, inundó todo con un sonido increíblemente familiar y liberó un intenso aroma otoñal. La mezcla de rojos, ocres y verdes descoloridos contrastaba con las vistas de una ciudad llena de edificios iluminados bajo un cielo nocturno muy estrellado que, como un firmamento envolvente al alcance de la mano, me sugirió un oasis de color perdido en el frío universo exterior. Confieso que me provocó una excitación juvenil que me recordó al primer amor.
Antes de completar la curvatura inferior, pudimos visitar uno de los muchos restaurantes repartidos por todo el club, en este caso de decoración minimalista, con mesas de madera oscura, sillas negras y manteles minúsculos de hilo, un pub de ambiente años 60… y las salas acuáticas con jacuzzi, piscina o baño turco, etc., realmente deliciosas y sugerentes, pero la que más nos intrigó fue la que ocupaba el centro, “el globo ocular”.
- Lo que han podido ver es una pequeña muestra de los servicios que podemos proporcionarles. A esto debemos añadir que todos los complementos necesarios como vestuario, accesorios eróticos, lubricantes, melodías etc. les esperarán en cada una de las estancias y, si echaran en falta alguno, sólo tienen que solicitarlos en voz alta y el ordenador central dará el aviso…
- ¿Qué hay en esta sala?- Le interrumpí señalando a la habitación circular y acristalada.
- Es nuestra sala voyeur.
Abrió la puerta y el cielo estrellado atrajo nuestra mirada. Al penetrar en ella se iluminó con luz indirecta, dejando al descubierto en el centro, una inmensa cama redonda llena de almohadones de colores muy vivos. Las paredes eran espejos que no alcanzaban, en altura, a la cúpula de cristal porque a unos 2 metros y medio por encima de nuestras cabezas, un balcón corrido con barandilla de acero hacía las veces de grada.
- Como les decía, todas nuestras salas están controladas por ordenador y sólo tienen que solicitar en voz alta y a modo de orden, lo que deseen en cada momento, por ejemplo: ¡Luz intensa en el centro!- y se encendió u foco que iluminó la cama- ¡Qué gire la cama!- y ésta obedeció- ¡Fuera espejos!- y las paredes se transformaron en ventanales transparentes.
Nos miramos sorprendidos
- ¿En todo momento somos dueños de la situación?- pregunté
- Sí salvo que decidan lo contrario ¿Les apetece esta fantasía?

Tras dar la orden, en un extremo de la sala uno de los espejos se abrió mostrándonos una especie de vestidor lleno de ropa interior de distintos colores y tejidos, así como “disfraces”, juguetes eróticos, lubricantes, etc. capaces de despertar cualquier libido.
Álvaro escogió un conjunto de cuero “ángel del infierno” de pantalón, cazadora, camiseta de tirantes, tanga y pañuelo anudado en la cabeza, al estilo pirata, al que sólo le faltaba la Harley-Davidson, y yo un corpiño de látex, tanga y liguero con medias de seda, unas botas altísimas de punta y tacón muy finos y una gorra, todo de color negro, al más puro estilo dominación-sumisión. Como juguetes un par de vibradores, una fusta, esposas, cadenas, collar de clavos, esencia de almizcle y mucho lubricante.

-Um… ¡Qué macarra! ¡Me gusta!- dije ronroneando.
- Ven gatita- dijo reclinado en la cama mientras daba unos golpecitos en el colchón- ¡Banda sonora de 9 semanas y media!
Con la única iluminación de la Luna que se colaba por el techo de cristal y unas lucecitas situadas en el suelo a modo de estrellas, empecé a contonearme al compás de la música y despacito empecé a masajearme, por encima de la ropa, los pechos, el vientre… Me metí un dedo en la boca y con mirada picarona lo fui chupando como si de un caramelo se tratara, mientras con el otro fui buscando por el triángulo del tanga un hueco por donde meterlo y tocarme el sexo. Me giré y con ambas manos me acaricié las nalgas al tiempo que las movía con movimientos lentos pero muy amplios…
Por encima de mi cabeza noté la presencia de un espectador en la grada que gemía muy tenuemente y me cogí ambos pechos empujándolos hacia arriba y al centro para que los mirara. Sus gemidos se intensificaron.
- Cariño, tenemos mirones- informé a mi partener
Claro que teníamos compañía pero no sólo el que me miraba con deseo los senos, sino también dos mujeres y otros tres hombres.


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