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El deseo de los sentidos


Autor: Cristina G.M..

¡No creeréis lo que me ocurrió!
Un amigo me dijo que siempre debemos aprovechar lo que la vida nos depare y aunque pienso que lo hizo para llevarme a la cama, en algunas ocasiones me he aplicado el cuento y eso es lo que hice hace cosa de un mes.
Un jueves por la tarde fui con mi pareja al sex-shop habitual a comprar un regalo de cumpleaños, nada convencional, para un amigo. Cuando entramos saludamos a Jorge, el dueño, y nos pusimos a buscar.
- ¿Qué tal una muñeca hinchable?
- Un poco típico ¿no?
-Tienes razón….a ver… ¿qué tal un disfraz sadomasoquista?...
- Uf, no sé…
- ¿Puedo ayudar?- nos interrumpió Juan
-Dentro de unos 15 días nos juntaremos los amigos para celebrar el 40 cumpleaños del único soltero y sin compromiso del grupo y no se nos ocurre nada para regalarle que no nos parezca hiriente o demasiado visto- le explicamos.
- Um, creo que tengo algo que os puede servir, ¿conocéis el deseo de los sentidos?
Hicimos gesto de no saber de qué hablaba
- Es un club muy exclusivo donde se puede dar rienda suelta a las fantasías sexuales y tengo unas invitaciones para nuevos posibles socios, si os interesa. No lo conozco pero tengo buenas referencias.
-No sé si le podrá interesar
-Habéis dicho que es para dentro de dos semanas… ¿Por qué no lo probáis este sábado? y si os gusta, podría ser un regalo original. No estáis obligados a haceros socios aunque me han dicho que quien lo prueba se apunta.
- …

Y allí estábamos, preparados para vivir una nueva experiencia.
 El edificio era un rascacielos inteligente de cristal, coronado por una cúpula, que para poder acceder a las plantas se debe pasar por una recepción llena de pantallas de circuito cerrado de televisión y ordenadores, e informar dónde se quiere ir. Tras mostrarle las invitaciones a uno de los recepcionistas, nos indicó que subiéramos al ascensor número 5 que nos llevaría directos al ático.
El ascensor, una cabina de cristal que recorre un trayecto por el exterior del edificio, nos permitió disfrutar de las vistas del atardecer sobre la ciudad y de los barcos que navegaban por el río.
Ya en el ático, las puertas se abrieron y un hombre muy atractivo vestido con un traje negro de chaqueta larga, con cuello japonés, y pantalones de pitillo, nos recibió en una de las dos puertas del descansillo e invitó a que pasáramos a una sala triangular con el techo y dos paredes de cristal que nos recordó a la proa de un barco boca abajo.
La decoración era muy minimalista: puertas lisas de madera con detalles en cristal opaco y manivelas de diseño, de acero mate, pocos cuadros de arte abstracto que alternaban con largos troncos de bambú seco que desde el suelo llegaban hasta casi el techo, iluminación indirecta oculta en la moldura y en el suelo  que iluminaban la estancia de forma acogedora…  
Una chica de cuerpo impresionante y muy elegantemente vestida con un traje de chaqueta negro y camisa blanca nos esperaba, en el centro de la estancia, junto a un sofá de cuero marrón que combinaba con un butacón de chenilla roja, de diseño modernista y una mesa de madera de líneas rectas. Tras tomar asiento, se acomodó en el butacón y con un mando encendió una pantalla de plasma de 42 pulgadas dispuesta delante de nosotros, ocupando el centro de la imagen un gran ojo, que pensé debía ser el logotipo del club.
- El Palacio de los Sentidos es una organización dedicada al ocio relacionado con el sexo donde se pretende dar rienda suelta a cualquier fantasía sexual que nuestros socios deseen poner en práctica- Empezó explicando, al tiempo que en la pantalla fueron saliendo distintas imágenes que, a modo de un rompecabezas, desmembraban el ocelo y de un logotipo pasó a ser el plano del edificio.
- ¿Cualquiera?-le pregunté
- Sí, salvo las relacionadas con menores y sexo no consentido. Cada socio, desde cualquier ordenador puede entrar en nuestra página de internet y, tras teclear su clave, acceder a un menú de sugerencias; pero si no encuentra su fantasía, la solicita detallando el día que desee se lleve a cabo. Después sólo tendrá que pasar su tarjeta por la ranura del lector y ¡a dar rienda suelta a sus deseos! Ni que decir tiene que aquí es primordial la confidencialidad- e hizo una señal a un joven que, al otro lado de la estancia esperaba silencioso- ¿Qué quieren tomar? ¿Una copa de cava?- nos preguntó
Asentimos los dos y el joven, con un ligero gesto de protocolo, se alejó por un pasillo.
- Se preguntarán cuáles son las tarifas de nuestros servicios… todo dependerá de lo solicitado pero ningún socio se ha quejado: nuestro trabajo siempre es de alta calidad y supera cualquier perspectiva.
El elegante camarero nos sirvió el cava en unas altísimas y estilizadas copas de cristal.
- Hoy son nuestros invitados y podrán, además de conocer algunas de nuestras instalaciones, disfrutar con la fantasía sexual que deseen.

 


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