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Clea - IV

Inma, guapa - dijo  Fernando, mientras se incorporaba. La joven dejó que le besara una mejilla y se acercó a Clea.

– Buenas noches – dijo. Su voz era ligeramente ronca. Clea se sintió observada, de nuevo. Le gustaron los grises ojos de Inma bajo los  párpados maquillados. Era como ella misma muy joven, y  al sentarse a la derecha de Clea sintió su perfume: era  azahar.

No demoró Inma en comenzar a comer. El trío permanecía en silencio, como si los sabores de la  comida les excusara de hablar.

-¿Huyes de los italianos de il Duce Clea? - preguntó Inma. 

Fernando estaba atento a la reacción de Clea,  que demoró en responder. Ella no había olvidado el comentario del  hostelero, ni el distintivo de Falange que  llevaba Fernando cuando lo conoció.

No estoy huyendo - dijo con calma -  debo reunirme con mis hermanas menores;  mis padres las enviaron a Portugal, poco después de la invasión. Ellos murieron, en un accidente, a fines de Noviembre.

Relatos Eroticos - Clea

Lo sentimos mucho, dijo Fernando, y agregó Inma:   Mejor cambiemos de tema, maja, que la muerte en España sigue siendo un lugar común. Aquí, como nos ves, tanto el caballero como una  servidora, somos del bando nacional, los vencedores de la guerra. Pero no nos consideramos a salvo. Aún quedan rojos, de los que tanto daño hicieron, dispuestos a cargarse a quién se les cruce por delante.

¿ Eres de Falange? - preguntó Clea.

- Soy de una familia que respeta las tradiciones. Por lo demás aquí en Sevilla, o en Córdoba, no fue necesario sacar carné para que cada uno supiera a que atenerse. Pronto aprendí a disparar hasta con fusil. Ahora, hay días en que extraño las batidas de a caballo en la sierra, en busca de rojos desbandados. Ya casi no salimos  de la ciudad.

Iba Clea a preguntar porqué cuando llegó Pilar, traía ensaladilla y una fuente con  gruesas rodajas de pez espada que sirvió a los tres antes de retornar a la cocina. Inma bebía vino ensimismada y el sabor del pez asado, distrajo a Clea: miraba las brasas que daban  calor a la sala. Pilar regresó trayendo esta vez dos lámparas de mecha:  Por si se corta la luz, señorita – le dijo a Clea.

-Hay escasez de casi todo - comenzó a explicar  Fernando.

- Salvo de traidores y arribistas –acotó Inma.

Fernando la miró pero no respondió al   puntillazo. –De todas maneras- continuó- la posguerra será larga.  

- Mientras no se le ocurra  a tu Caudillo entrar en el Eje, Don Fernando, que entonces sí, sobre llovidos... mojados – intervino Inma.

El mencionado palideció,  la audacia de Inma no por tolerada y cierta resultaba menos ofensiva.

- Guárdate tus opiniones, que nadie preguntó -   respondió de mala manera.

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Miguel De Nichilo.

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