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Clea - III

Pasadas las nueve y media, salieron  Clea y Fernando del hostal Pegaso, cercano a la Plaza de Toros de Sevilla. Estaban en pleno barrio del Arenal. Pese al frío y la proximidad del toque de queda había aún cierto bullicio, amortiguado, en sus calles y callejuelas. Fernando la llevaba  del brazo con firmeza. Un tanto intrigada ella lo dejaba hacer. El paseo fue breve y llegaron a un pequeño portal al que Fernando llamó discretamente. La puerta de madera se abrió y pasaron a un zaguán azulejado débilmente iluminado. Clea no vio quién les había abierto; la joven oyó en cambio una voz de mujer que les dijo
"Bienvenidos" – Y la puerta se cerró.
La anfitriona, una matrona de poco más de cuarenta años y facciones regulares, con un delantal crujiente de almidón, sobre su falda de campesina sonrió complacida de ver a  Fernando.

- Pilar, mi amiga se llama Clea –las presentó Fernando. Las mujeres se besaron, en las mejillas. Luego los recién llegados se quitaron los abrigos, ayudados por la matrona.

Relatos Eroticos - Clea

Apartaron una pesada cortina, de terciopelo grana, para entrar en una gran sala dispuesta como comedor. Clea reparó en los muebles de madera oscura, antiguos. En los platos de cerámica azul y blanca, en la reja con arabescos de hierro forjado. En ese lugar, bajo esos techos blancos en parte abovedados, Clea pudo olvidar, por primera vez desde que llegara a España, las  huellas que la guerra civil reciente dejara en las personas y en las cosas.
Pilar y  Fernando hablaban en voz baja. La tabla de la larga mesa era de roble y contrastaba con el extremo cubierto por un mantel blanco y el azul claro de la vajilla rústica. Clea vio tres cubiertos y pensó que Pilar los acompañaría, pero la mujer se retiró del comedor.

- Tendremos compañía – anunció el hombre.

Clea disimuló su curiosidad y se sentó a la cabecera, ayudada por  Fernando. Volvió Pilar trayendo en una bandeja, un botellón de vino tinto, pan blanco, un pequeño cuenco con   aceitunas y dos platos con queso y jamón.

- Seguro tienes un poco de hambre - dijo  Fernando.

Clea probó el jamón, mientras Pilar servía  vino. 
Poco después llamaron a la puerta de entrada y Pilar fue a abrir; mientras Clea miraba intrigada al hombre. Un murmullo llegó desde el zaguán, y la cortina fue apartada por la desconocida rubia que Clea viera en la galería del hostal. Mientras se acercaba abrió su capa y dejó a la vista su traje andaluz de jinete.   

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Miguel De Nichilo.

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