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Desde el acantilado


Autor: Carmen Torres

La noche era estrellada ,el viento jugaba con mis cabellos, en mi rostro sentía la suave y dulce brisa marina como la caricia de un amante entregado.

El descapotable desafiaba las curvas de la carretera, deslizándose como la lava de un volcán hacia el mar. El fular que rodeaba mi cuello batía al viento. Mi feliz y alocada risa se confundía con los ruidos del viento y de las olas del mar ... .me sabía atractiva, bella, admirada deseada .

La presencia de Alberto , me excitaba , sus grandes ojos verdes ,su pelo con algunas canas ... un poco largo por el cogote... acentuaban aún más su aspecto de galán atractivo... Sus cabellos ondulados me incitaban a acariciarlos, me encantaba meter mis dedos entre ellos... mesar sus ondas y juguetear. Sus piernas eran fuertes y largas al mismo tiempo que musculosas. Sus manos huesudas sus dedos largos y finos, de uñas bien cuidadas, parecían hechas para la caricia ... , eran cálidas, suaves, de piel tersa...se diría que eran hábiles para las artes amatorias .

Al otro lado de la carretera había un bosque lleno de árboles milenarios donde las familias iban a pasar los días estivales . . El paisaje muy incitante con la luna reflejándose en el mar ,parecía invitar al amor y la fantasía.

Para contemplarlo mejor, nos detuvimos al un lado de la carretera, desde allí, podíamos ver el acantilado. Las luces de un caserío y de algunas pequeñas aldeas, se divisaban al fondo..., se diría que eran como las pequeñas lucecitas de unas casitas de muñecas. .

Bajamos del coche , para poder contemplar mejor aquel paisaje.

El panorama que se contemplaba era alucinante .Alberto se me acercó muy atrevidamente ... tomo mi rostro con una de sus manos , entonces clavando sus ojos en los míos , paso su dedo índice por los perfiles de mis labios y...dibujándolos. mimosamente ...los beso con mucha dulzura , provocándome un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo poniendo en alerta toda mi voluptuosidad. Mi corazón trotaba más que latía. Todo empezó a despertarse en mi sensualidad
 Me sentía deseada ... me encantaba el juego, el coqueteo, volverle loco de deseo y... saque mi lengua húmeda, de una manera muy insinuante, ¡me gustaba sacarle de quicio!..., hacía como que quería morder su dedo, este gesto coqueto le provocaba ...era lo que en realidad yo quería..., volverle loco de lujuria y pasión.
 
Me sentía ... excitaba ... una sensación de placer me invadía...

Note como su bragueta se abultaba...Había conseguido traerlo a mi terreno ...excitándole ,disfrutaba con el juego. Su respiración era muy agitada y a veces entrecortada ... Le gustaba jugar con mi boca, con mis besos, mi lengua mojada lamía toda su cara . Besaba sus ojos ,mordía sus mejillas , su barbilla , me sentía totalmente embriagada de placer.
Sentía el aroma de su piel . la suavidad de sus manos, la delicadeza de sus caricias . todo esto producía un elixir muy extraño que me transportaba a un mundo casi irreal .

Me llevo hacia el asiento trasero del coche ... lo abatió...nos instalamos y comenzó a acariciarme ...primero abrió mi blusa y...comenzó a chupar mis pechos, lamiéndolos , sus dedos pellizcaban mis pezones, los acariciaba ...jugaba metiendo sus dedos por debajo del sujetador... creí morir de excitación , quitó mi blusa y se inclinó a besarlos y mordisquearlos ..., estaban duros... , excitados... Abrí su camisa y ...pasé a tomar parte en el ritual del sexo , fuerte y lascivo, mi lengua húmeda mojaba todo su torso . jugaba con sus vellos ,tiraba de ellos provocándole a veces un ligero dolor mezclado con placer .

Me gustaba...le sentía entregado a mis caricias y notaba que su miembro cada vez estaba más duro y su calor se advertía a través de su pantalón . Su camisa abierta ... delataba su respiración agitada .El juego en el que estábamos inmersos era cada vez mas caliente el deseo al gozo se hizo dueño de la situación , sudábamos . Nuestros cuerpos estaban salados, calientes . los cabellos despeinados , mojados. Se diría que estábamos embriagados con los efluvios que emanaban nuestros cuerpos, llenos de pasión , las caricias llenas de lujuria nos sacaban de la realidad . La pasión latente anulaba nuestras voluntades.

Al sentir el calor de sus manos suaves como me acariciaba entre mis piernas ...mi vagina se abría , se llenaba de humedad... esperando el calor de su miembro eréctil , necesitaba sentirle cerca y excitado para apagar la fogosidad que invadía todo mi ser .Buscaba su pene , lo tocaba , lo lamía de una forma glotona como si se tratara de una deliciosa golosina.

Yo llevaba una minúscula minifalda , tableada , que al estar sentada dejaba ver muy espléndidamente, mis piernas bronceadas . Alberto, aprovechó lo minúsculo de la falda que le daba facilidad para poder deslizar sus manos , llegó al comienzo de mi tesoro y con uno de sus dedos ...retiró parte de la braguita, metiendo su dedo dentro ...apreció que estaba muy mojada ... me miró y como con un susurro me dijo ...estas muy mojada ... ¡me gusta! y deslizó su dedo pulgar hacia el clítoris acariciándolo muy suavemente ... produciéndome un placer que me hizo abrazarme a él para poder controlar los movimientos casi convulsivos, Alberto al verme gozar de esas formas, no pudo controlar su impulso y me sentó encima de sus rodillas y metió su miembro eréctil dentro de mi pequeña cueva . Su orgasmo fue muy fuerte y profundo .buscaba mi boca para beber en los labios que habían sido los inductores a esta pasión ...que aún dejaban rastro del gozo disfrutado.

Su respiración era de nuevo... diferente , de pronto metió su mano por debajo de mi blusa y... me .arrancó el sostén... . jugaba con mis pechos..., pellizcando muy suavemente mis pezones ...acercó su boca y los lamió, le gustaba morderlos delicadamente , mi olor a mujer excitada , era como una embriaguez que le anulaba otro pensamiento que no fura el gozar de nuevo, todo ese juego me colocaba fuera de control.

Aunque no hacía ni media hora que habíamos gozado salvajemente, deje mi mano colocada encima de su bragueta .Alberto reaccionó de nuevo y volví a sentir el calor de su miembro y su dureza .

La excitación nos empujaba a la lujuria de nuevo .Sus labios buscaban los míos como poseído por un solo pensamiento ,la lívido estaba al máximo .

Cuando el noto mi mano sobre su bragueta se removió en su asiento y alargando su mano la deslizó por debajo de mi minúscula falda. .

Volví a acariciarle por encima de su pantalón . abrió la cremallera del mismo y cogiendo mi mano ... , la puso encima de su pene, con pasión me incline y la metí en mi boca , la chupaba, la lamía estaba muy caliente . Abrió la puerta del coche ,salió de el .Bajó sus pantalones... ,me quito las bragas ...sentándome encima de él metió su verga en mi pequeña cueva que...de nuevo... estaba caliente y mojada, empezamos a movernos a bombear para que el placer fuera pleno , lo sentía tan dentro que... casi me hacía daño ...pero era un placer inmenso ...yo notaba como su semen salía y lo derramaba dentro de mi vagina , sintiendo el orgasmo al mismo tiempo . mis rodillas apoyadas en su asiento me ayudaban para poder mover mejor mis caderas ,y de ese modo poder dar más movimiento a su pene que yo apretaba con los músculos de mi vagina . Alberto estaba enloquecido , era como si su pasión le produjera frenesí, movía su cintura ,sus movimientos eran acompasados, suaves , al unísono , hasta que sentimos que nuestros líquidos se mezclaban
 
Fundidos los dos en un mismo placer alcanzamos un orgasmo pleno , donde nuestras cuerpos... habían disfrutado al máximo de la voluptuosidad de dos seres apasionados dejados llevar por el rumor del viento mezclado con la espuma del mar.

Nuestras miradas se encontraron y se hablaron sin palabras durante algunos segundos ...nos unimos en un apasionado beso .

Corregimos algo nuestros aspectos y... nos vestimos , pusimos de nuevo los asientos en su forma correcta y nos deslizamos carretera abajo para incorporarnos a la civilización . Pero los dos éramos conscientes de que algo nuestro había quedado impregnado en ese lugar ,donde la noche la luna y el mar fueron cómplices de la pasión y voluptuosidad de una noche sobre el acantilado .

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