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A una señora bonita


Autor: Héctor J. Cediel, de Colombia

Señora Seductora, necesito reencarnarme con la pasión y el deseo del joven; cuando no existían obstáculos, ni abismos imposibles de superar; cuando podíamos cambiarlo todo por un beso y durante horas, que convertíamos en momentos y ¡hablábamos de amor!. Necesito embriagarme de pasión, para superar como todo amante el huracán, el tornado o la borrasca; recorrer el mundo, superando todos los obstáculos, con la sabiduría de los azotacalles; siempre conservé una ilusión como faro y puerto. Vivo tristes los días, como si tuviera que aceptar a la muerte; no sé que espero o si vale la pena hacerlo; ni siquiera sé que inventar para aprender a vivir sin ti o sin el destino de mi vida es trágico, como la triste historia de amor de tantos amantes…. ¡Todos despedazados y naufragados entre absurdos destinos encalladores!. Nunca es tarde para aprender a vivir los días, como si cada uno fuese el primero de nuestra vida.

Señora Hechicera: regresan con las alas rasgadas, las mariposas sin ilusiones, para que las sane el tiempo. Un leve destello de esperanza las alucina, aunque sus almas tiemblen de miedo y de frío. La mirada del hombre las desnuda, mientras la sed de una caricia, les sella la mirada con un beso. Se teje un silencio profundo, sobre ese mar de soledad y aire. Hay una soledad inmensa en el paisaje de sus almas….un rumor de melodías de amor, versos expresados al azar y una serenata con violines imaginarios, hechizan con alegría a la noche. Una semilla de esperanza aguarda; el Sol brota con la aurora, con la misma sal y ansiedad de la flora primaveral… ¡Son tiempos para amar y para poner a volar con magia y demencia a nuestros sueños!

Señora Mágica y Fascinante: Hay mujeres extraordinarias y otras que son una maravilla de mujer. Unas dotadas en exceso y otras castigadas por defectos. Las hay tiernas, dulces, ácidas, gélidas, altas, bajas y sin embargo la naturaleza, a todos nos reserva más de una pareja. Nadie es único, ni exclusivo, ni propiedad privada de nadie; cuando una mujer es maravillosa, tiene alas, sabe y debe volar. Hay mujeres maduras, otras maduradas a la fuerza, otras que jamás maduran. Unas nacieron para ser amadas bajo la luna y otras alunadas; como las que nacen con estrella y las que nacen estrelladas. La vida es mágica, cuando se vive con pasión el hoy y el ahora, mientras pasa la parca a recogernos. Unas escriben páginas inmortales en la historia y otras con sus tristes historias se inmortalizan en la tragedia. Una mujer bella, hermosa, no tiene que intentar ser; simplemente debe dejarse llevar por el vals del viento, por los suspiros del sentimiento y el deseo que es la voz de la sangre de la vida. Eres maravillosa, porque sabes mirar a los ojos del corazón y los sentimientos. Sabes desnudar y sentir las palabras. Eres como esas primaveras que se perpetúan en el ensueño y se olvidan del despertar. Eres un volcán de sueños; eso es estar viva y ser más joven que aquellas jovencitas, que son un bagazo desde antes de florecer o de brillar como una estrella joven. La vida depende del estilo que cada uno le de a sus pasos, de la calidad de sus huellas y de las sombras, que siempre dependerán de la calidad de Sol. Hay personas a las que se les hizo tarde para aprender a vivir o para regalarle vida a sus existencias. Hay cadáveres que vagan o azotan a la vida, pero ni siquiera un spa podría hacer algo por ellos, porque las neuronas de sus sentimientos se han atrofiado. Hasta el sexo sentido se estropea, cuando no se sienten, ni se escuchan con pasión los versos de las pieles. Las pieles hablan como el corazón y hay que entreoírlas; a los cuerpos hay que prestarles atención, quererlos y consentirlos. Eres Sol, estrella y quásar. Eres el arco iris más hermoso de esta noche de alunada alucinación y demencia.

Señora Deliciosa y Atrevida, me fascina descifrar el entrelucir de tu mirada; sentir sobre mis labios, la ansiedad ardida de la rosa. Paso a paso, las caricias escalan esa irreverencia, que solo los amantes conocemos, cuando los silencios de la noche, prenden las antorchas noctámbulas, para que nos iluminen sus sombras y la imaginación le suelte las riendas a la demencia; mientras bañamos con el sudor de nuestra intimidad, las palabras soeces y los versos irreverentes, que el amor imagina, mientras la alta noche se clepsidra, después de cobijarnos con un mar de sensaciones, alucinaciones demenciales de pasión-dolor y espejismos de placer de fugaces sentimientos. Insaciable como los lengüetazos al amanecer, embriagados de estrellas, de brandy y espectros de recuerdos. Invernamos taciturnos la mudez de nuestros secretos y de discretas promesas reducidas al amordazado silencio.

Señora Clara y Tranquila, tus éxtasis son los versos del canto orgásmico de la vida. Te enredas en una maraña de imágenes, cuando juegas al amor. Solo el sabor amargo de la saliva, nos pone los pies sobre la tierra, cuando no son las bofetadas de la brisa, las que nos hacen abrir los ojos. Tu cuerpo perdió el aroma leve, el canto de lo sutil y vaporoso; amas como una máquina de amor sin sentimientos, semejante a las tragamonedas o a una flor sin aroma ni nombre, como las calaveras del desierto. Nuestros cuerpos se ligan por la sed de nuestras lenguas y hablamos de amor sin saber por qué. Solo el miedo a la soledad, siembra rayos de esperanzas. Nada nace, si no tenemos la visión de un futuro. Tus lágrimas no son tibias, ni cristalinas; lucen como pequeños témpanos, desprendidos de la piel de tu alma. Quiero que permanezcas y que no desaparezcas como las huellas que se devoran el tiempo y el destino; como las amantes suicidas que se van sin decir adiós y con la mirada baja. Para una de ellas, a la que amé  en silencio, le dedico el recital secreto de mi mal herida alma.

Señora Dulce y Sensible, necesito que germine de nuevo, una semilla de amor en tu corazón. No soy el mismo desde que te fuiste; ando desnudo y con los pies descalzos. Sé que Dios existe, así se esconda como la luna o el mismo Sol. Siento un deseo demencial, por sentir de nuevo tus labios, el arrullo del calor tibio de tu cuerpo y consentirnos dentro de ese juego, ingenuo e irreverente de monosílabos. No deseo volver a la calle sin ilusiones y con las manos en los bolsillos. Deseo embellecer mi alma, para disfrutar de la policromía de la primavera. No necesito una mujer de seda, sino una compañera para mi soledad, agobiada por el desasosiego y el infortunio;  o insaciable como el último beso que maquilló con lágrimas mi rostro. Voy a regresar al infierno, para podrirme como un fruto en el olvido. Tu sexo infecundo, muere a pedazos lapidado. Soy el rehén de tus manos, de un amor que nunca conocí, de una rosa carmín de carne, que me lleva de su mano, hacia la muerte.

Señora Virtuosa y Generosa, jamás sabré si fueron ilusorios los versos que engendró la  noche de esa historia loca y desenfrenada… ¡la nuestra!. Recuerdos efímeros que hoy son quijotismos. Noches de vino rojo por el cuerpo y deliciosas impudicias; amor gitano, fatigado, embrujado. ¡Imágenes inconfesables! ¡Despertares avergonzados!  Hasta llegamos a pensar que soñábamos después de haber muerto; ahora me engaño aguardando a tu amor; sé que es una ingenuidad el no cerrar la puerta, tirar la rosa y rasgar los versos; Aprender a vivir sin ti, no es fácil; así como andar sin voltear a mirar hacia atrás. Vivo pesadillas cuando regreso del presente y me escondo dentro de la bruma gris del abismo. ¡Nadie me ve, ni me escucha! Ni siquiera la muerte, viene a socorrerme; la vida fácil tampoco regresará a ti. No te imagino inventando locuras para sobrevivir; ya no eres joven y poco te sonríe la vida. Día a día, el amor dura menos en tus manos; así te levantes de prisa después de la última caída, para regresar por culpa de otra al vacío. Los amores que dejan huella atemorizan y no se puede darlo todo, sin sufrir en el invernal desamor. ¡Tengo que aprender a amar, Señora Bonita, así nunca entienda, por qué siempre el amor se va!

Recuerda: Eres el poema más hermoso que me ha escrito la vida.

Te amo y te llevo siempre en mis pensamientos

EL PERRO VAGABUNDO


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