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A una enamorada


Autor: Héctor J. Cediel, de Colombia

Te deseo y pienso, tanto de día y en mis noches; que te siento y veo como la clepsidra de mi vida y de mi corazón. Me fascina tú cabello y tú floresta púbica; te hace ver más mujer, más hembra. Más Sol, más mar. Más fuego y espuma. Me alegra verte volar sobre mundos desconocidos con sus propias alas; me fascina como respiras y te embriagas con los bálsamos de tus primaveras; como dependes menos de la palabra o del consejo profesional, que carece de la sal y de la pasión de lo ígneo en el sentimiento . El amor es incendio. El amor es combustión. La felicidad depende de su ardor  e ímpetu. El amor es irreverente. A veces es cruel o crudo. Para amar tenemos que ensuciarnos las manos y los dedos en el sexo y con el sexo. Hay que blasfemar y escuchar el discurso de las palabras soeces. En el amor nada ofende, ni nada se debe reprobar. Nada que se diga o exprese con amor, puede tildarse como grosería o ultraje. Con respeto te he llamado: Mí adorada putica; de no haberlo dicho, hubiera sido una profanación al momento amoroso. Te he violentado con delicadeza. He abrevado con demencia para sentir el reboso de tus estrellas. Te he amado desacatando la locura de la cordura; hay un delicioso encanto en el lado sucio del amor. Una pasión higiénica es insensata o simplemente una aburrida y tediosa experiencia. Hay que profanar espacios casi sagrados. Hay que aprender del frenesí de las bestias en celo, de sus amorosas mordeduras, de sus ardorosos y violentos desenfrenos.

Amorcito, deja que cada misiva sea una mensajera de mi amor, de mi pensamiento, de mi voz. Que recibas cada carta como una postal del destino, depositada en tus manos. No pretendo enmendar nada, porque el camino recorrido es pasado. Ya nada se puede enderezar, ni se puede amar dos veces con el mismo sentimiento. Solo se vive una vez cada instante, cada momento, cada día. Todos tienen su propia música y su propia letra. Tampoco hay nada por justificar. Todos vivimos intentando hacer lo mejor, de la mejor manera. Sí podemos modificar o mejorar la ruta de nuestro destino, con la sabiduría que aporta nuestra experiencia. Eso no nos salva de caer en el mismo hueco o abismo, ni de cometer dos veces un mismo error; pero hacerlo no tiene sentido, si lo podemos evitar. Aprender a escuchar y a ver, nos ayudará muchísimo; ya que  nuestros sentidos son los radares naturales que nos protegen y nos guían. Rectificar es sano y humano. Cuanto podamos subsanar o salvar, hay que intentarlo. Reconocer errores y excusarnos por ellos, es de nobleza y muy sano; nos libera de pesos innecesarios en el alma. Te amo, mi adorada hechicerita. Sé que siempre has tenido bien sentada la cabeza, pero necesitabas que tú espíritu mudara de vida; te veo como mi lazarilla estrella, como mi diosa. Sé que debo verte como mujer y como hembra. Estas viva y hay fuego dentro de ti. De nada o por nada podría increparte o sermonearte; creo que no tengo ningún derecho. Encerrarse en sí misma es castigarse. Reprenderse sin razón o justificación alguna. No fallaste. Se edificó lo que se tenía que edificar. Se vivió lo que se tenía que vivir; ahora cada uno tiene que vivir, lo que le resta por experimentar o descubrir, que es muy diferente a vegetar. El censurar solo aporta amargura. Hay amoríos que se pueden enmendar o rehacer; otros se deben arrancar cual harapos o piel malata. Hay amores buenos y malos, porque todos son relativos y circunstanciales. Aquellos que nos avergüenzan o de los que no nos sentimos orgullosos, que nos abochornan, que nos confunden o acorralan, hay que desterrarlos de nuestras vidas; es como cambiar de acera para que pase de largo un murte, ignorando su fetidez. Hay que aprender a decir no más o basta, para no enterrarnos en relaciones absurdas; es preferible ruborizarnos por un instante, que palidecer por un buen tiempo; tampoco es bueno escondernos tras un vidrio o una ventana, y dejar pasar de largo a las maldecidas sombras; a veces hay que salir a buscarlas y enfrentarlas, como a las víboras y darles de la propia medicina. Así es y será la vida: Simple o sencilla, o puede ser una absurda y extraña pesadilla. Todas las respuestas están o habitan en nuestros corazones. Todos somos los artífices de nuestra felicidad o de nuestras tragedias. Los amores obsesivos hacen daño o nos roban un tiempo precioso de nuestras vidas. La maníaco depresión nos puede conducir a un suicidio trivial y vergonzoso. No hay que huir de la realidad. Al toro por los cuernos, pero sin ponerle los cuernos a nadie-¡salvo por razones de fuerza mayor!, así como esta prohibido hacer el amor en los miradores, ¡salvo por razones de fuerza mayor!-.

Toda persona merece y amerita respuestas francas. Nada angustia más que las mentiras, por piadosas que sean. No es fácil hacerlo, puede ser doloroso, pero es de valientes descubrirlo y aceptarlo. Vida no hay sino una. Nadie puede vivir dos veces el mismo momento, ya que cada instante es único. Es el hoy y el ahora; así es la vida, que es el don más hermoso y sagrado. Así como el pobre ve la mano de Dios en su tragedia; así como una madre desconsolada, ve la mano de Dios en su hijo muerto; así como muchas personas ven la mano de Dios en la destrucción de la guerra; así como un sacerdote bendice las armas y le ora a las manos de Dios, para que las haga eficaces; hay que ver al Dios concepto con sentencias, pensamientos, juicios, concepciones sanas o buenas para el hombre. El hombre ha creado dioses a su conveniencia con su pensamiento, de acuerdo a sus valores y cultura. Hay que respetar creencias y formas de pensar. El bien y el mal, son también relativos en el amor. Amar es conciliar y el enamoramiento depende de esa concertación.

Mi adorada bebecita: Las palabras no pueden conspirar o conjurar nuestra sabiduría interna. He decidido escribirte cartas, que te aporten armonía y sosiego espiritual; que te cuestionen y te aporten respuestas; pero que sean tus propias conclusiones y tus propias respuestas, las que se conviertan en los mojones de tus pasos.

Te amo. Sé que mi sentimiento por ti, será hasta siempre una demencial locura

EL PERRO VAGABUNDO.

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