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Estrechos son los bajeles - V

 " Mis dientes son puros bajo tu lengua. Pesas sobre mi corazón y gobiernas mis miembros. Patrón del lecho, oh mi amor, como el Patrón del navío. Dócil la barra a la presión del Patrón, dócil la ola en su poderío. Y es otra en mí quien gime con el aparejo... Una misma ola por el mundo, una misma ola hasta nosotros, en lo mas remoto del mundo y de su edad... Y tanto oleaje, y por doquiera, que sube e irrumpe hasta en nosotros...

¡Ah! no seas un patrón duro por el silencio y por la ausencia, ¡piloto muy hábil, amante demasiado atento! Toma, toma de mí más que don de tí mismo. Amando ¿no querrías también ser el Amado?...
Temo, y la inquietud habita bajo mi seno. A veces, el corazón del hombre a lo lejos se extravía, y bajo el arco de su ojo hay, como en los grandes arcos solitarios, ese muy grande lienzo de mar de pie en las puertas del Desierto...

Oh tú, obsedido como el mar , por cosas lejanas y mayores, te he visto, cejijunto, buscar mas allá de la mujer. La noche en que navegas ¿no tendrá, pues, su isla, su ribera? ¿Quién, pues en tí siempre se aliena y se reniega?- Pero no, has sonreido, eres tú, vienes a mi rostro, con toda esa gran claridad de umbría como de un gran destino en marcha sobre las aguas (¡oh mar repentinamente herido de brillo entre sus grandes sementeras de limo  verde y amarillo!) Y yo, tendida sobre mi flanco derecho, oigo latir tu sangre nómade contra mi pecho de mujer desnuda.

Estas ahí, amor mío, y lugar solo tengo en tí. Elevaré hacia tí la fuente de mi ser, y te abriré  mi noche de mujer, mas clara que tu noche de hombre:  y la grandeza en mí de amar te enseñará
tal vez la gracia de ser amado. ¡Licencia entonces a los juegos del cuerpo! ¡Ofrenda, ofrenda, y favor de ser! La noche te abre una mujer: su cuerpo, sus puertos, su ribera;  y su noche prístina
en que yace toda memoria.
¡Amor haga de ella su guarida!

...Estrecha mi cabeza entre tus manos, estrecha mi frente ceñida de hierro. Y mi rostro comible como fruto de ultramar: el mango ovalado y amarillo, rosa fuego, que los corredores de Asia sobre losas de imperio, depositan una noche, antes de medianoche, al pie del Trono taciturno...Tu lengua es en mi boca como salvajería de mar ;  el sabor del cobre está en mi boca. Y nuestro alimento en la noche no es alimento de tinieblas, ni nuestro brebaje, en la noche, es bebida de cisterna.

Estrecharás el círculo de tus dedos sobre mis muñecas de amante, y mis muñecas serán, entre tus manos, como muñecas de atleta bajo su banda de cuero. Llevarás mis brazos anudados mas allá de mi frente; y uniremos así nuestras frentes, como para la realización conjunta de grandes cosas en la arena, de grandes cosas a vista de mar, y yo misma seré tu muchedumbre en la arena, entre la fauna de tus dioses.  

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