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Amanecí escribiendo versos

Voy a sumergirme en un mar de lava; para sentir el hielo al deslizarse los recuerdos, como un canto de la fiesta sobre la santidad de lo sucio. Reviviré, una a una, las imágenes que pueda rescatar de las páginas de la bitácora de los olvidos. Sé que reiré y jugaré de nuevo con globos. Vamos a ser felices, cuando seamos en el abrazo, nuestro todo; el tiempo fluyó para madurar nuestro amor como un prodigio de los huesos cuando se desnudan. Sandía de fuego. Dulce sal de la vida, que nos permiten llenar los bolsillos vacíos del ocio. Indeleble marca que me acompañará, hasta vestir mi traje de madera como si fuese el de luces. Cerveza amarga de arena para esa sed que necesita alumbrar sus sueños. Gotas de agridulces suspiros; cuerda para un apesadumbrado camino al cementerio. Pompas de jabón que son el fuego y el sudor del espejo. Masmelos y chocolatinas; arlequines en gabán escandalizan a las mujeres. Todo tan trivial y trascendental, como nuestros besos y caricias; carnaval de los fantasmas que desaparecen dentro del bosque. Tus ojos describen sueños ahogados en llamas, que hoy no son más que un mar de cenizas. Te veo terriblemente hermosa; como los dibujos de un rostro imaginado por un hijo desconocido. Por tí, he enfermado de amor, mi amada demonia. En el horizonte agonizan degolladas, las mentiras piadosas con las que te herí. ¿Seré ciervo o estrella; como la música que orienta a los ciegos? Contigo el horizonte es un quasar de momentos ígneos; de fantasías que se pueden vivir sin santo y seña.

Señora burguesita: la impudicia de nuestras caricias samaritanas, inspiraron los mejores recuerdos en nuestros diarios. Me encanta cuando te descubres y abandonas la careta sobre la mesa de noche. Me fascina la forma como me miras o la pasión de los mimos mientras me desnudas. Sé que no fué fácil liberarte de todos tus temores, o agarrarte de la cola embriagada de una cometa endemenciada. Para aprender a volar, te despojaste de todas las prendas que te protegían de las miradas. Hoy eres la rosa negra de la nostalgia; sombra de la serenidad y la alegría que intenta asomarnos a un nuevo universo de sensuales sensaciones. Tus recuerdos solo son tristes añoranzas; y tus huellas, un sendero por entre turbias trochas, hacia la flor de los muslos. No imagino como algunos hombres pretender ver a un Dios arrodillado, mendigándoles limosnas a sus empresarios. Llegas como esas novias peregrinas vestidas de negro, fingiendo una resurrección para ocultar sus misterios o las historias inconfesables de la orquídea que crece entre sus muslos. Te lavaste con aguas oscuras, pero sobrevivieron los enigmas sin respuestas claras y que crees tenerlos seguros bajo llave. Eres como el crepúsculo de los esplendores de las gaviotas o de las tijeretas, revoloteando sobre un fondo amarillo oro del cielo; listas a arponear a los peces que les susurren sus ojos. Atiborré mi memoria con ninfas que rescaté del infierno; pero tú no vestías los colores extraños que uniforman a las disipadas; tu cuerpo desnudo era un mar sin poesía, una bitácora sin hojas en blanco, un montón de cenizas de nombres y de esplendorosos momentos. Has sido pasado, presente y sé que serás el futuro en el invierno de nuestros destinos. Me estremezco como un animal herido, azotado con crueldad por las lágrimas de mi silencioso corazón. Te petrificaste como un mito en mi memoria, después que me diste como los dioses de los paganos la espalda. Contigo vi crecer el fuego por mis entrañas, hasta lograr enloquecerme, hasta el día de hoy. Hoy era mañana, ayer; por eso, culpas al tiempo del haberme enloquecido, con emociones que me condujeron a absurdos delirios. Sueño con los colores de tu sangre cuando agonizo; y la sensual historia empedrada que escribimos, cuando nuestras desnúdeces se dejaban arrastrar por la neblina que brotaba de los suspiros del olvido. Regálame colores que me levanten de la ceguera. Soborna a la tormenta que me habita con besos y me recuerda tus delirios.

Las oportunidades pasaron cual pizcas de tiempo. Matizaste al desencanto con engaños, y estropeaste el germen de tú porvenir con burlas. Ahora son frívolos y baladíes, todos los sueños que crepitan como llagas en el alma. Tus palabras de desamor se escuchan como voces banales de fruslerías insignificantes; como las intrascendentes canciones que oyes en los boleros de algunos compositores populares, en las traganíqueles de los boleros-bar, donde el despecho intenta ahogar en lagos de licor, las razones del desencanto. No sé como las predicciones pueden enmendar tú destino, si la triste predestinación de tú estrella, es siniestra por culpa de tus perfidias. No permitas que esas absurdas máscaras, que elegimos al azar y que usamos todos los días, asesinen toda esa autenticidad que llevamos dentro; ya que somos en realidad esa poesía que se interpreta en los buenos boleros. Todos somos poesía, carne y fuego. Vivimos enamorándonos o desenamorándonos de personas extrañas, porque nos cautivan sus absurdas máscaras. Toda la magia del entorno del mundo que nos rodea, no depende de nosotros; sino de ese absurdo tejido de telaraña, en el que nos atrapa la sociedad como peces tentados por la luz del fuego; robándonos la mayoría de las veces la voluntad y el libre albedrío; por lo general, terminamos siendo o haciendo, no lo que deseamos hacer o hemos pensado, sino la voluntad de ese entorno carcelero. Todos debemos y podemos ser, nuestro propio ángel liberador.

Para volar, mi adorado fetico, debemos saltar al cielo, rasgar la brisa con nuestro cuerpo, sin soltar la rosa de nuestra mano. Cuando sientas el aliento del invierno, busca como leños mi cuerpo. Sacia la sed con la imaginación de mis besos. Pinta con colores tú nostalgia y ríe. Ríe burlándote de todo y de nada. Ríe por la ironía y el absurdo de la vida. Ríe cuando te vistas frente al espejo; luego, rompe las imágenes de una patada, para castigar su ironía. Jamás renuncies ni te avergüences de tú belleza natural; es lo que cautiva y nos enamora a los hombrecitos sin valor agregado; a esas abejitas ingenuas a las que atrapan, con los aromas y el bronceado de sus sensuales pieles. Déjenos ser y creer, en nuestros utópicos mundos de poder. ¿Para qué compites, si somos felices luchando por ustedes contra los demonios; y todas las adversidades de este absurdo pudridero?. Tampoco pido que renuncies a esa hermosa libertad, que te permite ser todo lo que sueñas o has querido ser, con la envidiable irreverencia de los fabulistas amantes del vino. Todos nacemos por un Everest por conquistar en nuestros corazones. Nunca dejes de amar ni de respetar tú cuerpo; piensa que eres un medio transformador y positivo, para todos los que compartan el camino contigo. Nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido; tampoco es bueno dejar que se haga demasiado tarde para hacerlo. Libérate de todas las tristezas que fogonean tu sosiego, para que no cargues con ellas inútilmente; piensa que eres maravillosa y que nada ni nadie, te pueden hacer daño. Eres una hermosa mariposa con ojos de tortuga, pero con el fuego dorado de la luz en las alas. Nunca olvides que siempre serás la cosita fea más guapa y con los paisajes sinuosos mejor dotados; para atrapar al príncipe que desees en tus sueños o al hombrecito que simplemente deseas merendarte. Recuerda que algunos hombres somos ciegos, crueles o brutos; solo apreciamos lo que amamos y tenemos, hasta cuando lo perdemos.

Voy a gritar como un águila herida, descendiendo en forma suicida a besar el fango; de nuevo en contravía con la voluntad del destino, pero añorando remontarse hasta alcanzar las estrellas; persiguiendo tú sombra y el aroma del deseo, como si hubiese muerto la belleza. Es imposible el dejar de bocetear mujeres en el corazón, con los ojos llenos de lluvia y sin el encanto de la música en los versos, que podrían raptar la inocencia de una doncella. Voy a escribir con el dolor de la sangre, las estrofas de baladas o poemas, que inspire el sufrimiento. Conjugaré la vida y a Dios, para que escriban a dos manos. Dos más dos, pueden ser cinco o cero. ¡Qué importan las fórmulas mágicas, si existen las zancadillas!. Para completar los engaños de la vida, tenemos que conjurar los hechizos del amor. Exorcizar lo que nos conmina, para no temblar frente a la agitación de los sentidos. Con indulgencia flamea una bandera de esperanza. Hay verde tras la colina, agua fresca y brisa. Voy a descansar a la sombra mientras brizna y el refresco de la palmera, mecen con vaivén las hojas que me protegen del apasionado sol. Me embriago de auroras y atardeceres, mientras pasa el cortejo del tiempo y se duermen las ilusiones del alma. Solo veo como los ciegos, las imágenes del infierno. Intentaré ser tú guerrero de luz para rescatarte de esos absurdos insomnios y de los ojos de las pesadillas. Solo tú, puedes curar, tus alas heridas. ¿A qué le temías tanto, que preferiste beber, todo el veneno de la absurda copa? ¿Por qué nos condenamos a infernales mazmorras, como si tuviéramos que expiar errores imperdonables?.

 

Por favor, no te vayas; no me abandones al amanecer. Quédate a contemplar el despertar del sol, de las aves y del paisaje. Observemos como se oculta la luna, duerme vela de siempre, pintora noctámbula, compañera de amantes y confidente de solitarios; cómplice de las sombras y espía de las desnúdeces de sus secretos. Por favor, no te vayas como los murciélagos y los vampiros. La luz enceguece como los besos y el amor. El color de tus alas, encandila de día y a la media noche, el rojo de los besos; vives seduciendo y alucinando los pensamientos de los pavos reales, en el sensual cortejo. Hay gatos en el tejado o amantes con velamen, que desvelan el sosiego. Me encanta sentir la piel de la vida o aferrarme al hechizo del aroma de tú cutis; o a tú pellejo como una fiera carnicera, para saciar la sed natural de la sangre. Cierro los ojos y soporto el goce. Estrellas de luces que brotan al borde de la cama. Frenesí de los herbajes que nos preparan, para el viaje silencioso de las pretinas. Furor de pasiones y de ímpetus ciegos. Deseo regresar a contemplar el lago contigo. Acompañaré con la mirada, el navegar de los recuerdos; veré como rasgan la brisa cual aves migratorias, las sombras de las tempestades nocturnas. Hoy desperté, evaluando las razones de nuestro absurdo distanciamiento. A veces mido con suspiros, el alcance del desafecto de los pasos. No hay respuestas en la voz del eco. Solo escucho en la caracola de mis sentimientos, la acongojada pesadumbre de los latidos del corazón. ¿Quién gozará conmigo, la alucinación del péndulo? ¿Quién sanara mis heridas, de animal lastimado?. Sabemos al dedillo que no podremos borrar, la dramaturgia de nuestras historias, de nuestras vidas. Mis sentimientos son una ciega tempestad de absurdos; inocentes malas intenciones, que pueden engendrar asombrosas leyendas negras, como crepúsculos que nos acompañarán hasta la muerte. No quiero ser el verdugo que por culpa del destino, tenga que apagar el fuego de tus arenas. Quiero que compartas conmigo los arreboles del alborada escarlata y del canto de las espinas, de las primeras luces en las noches negras. Estoy seguro que lo perderé todo, si partes; porque lo perdí casi todas las razones de mi vida, por culpa de mis errores. No quiero recordarte como el remedio que pudo volver a hacer feliz mi vida; o la esperanza que dejé escapar de mis manos, por temor a que el cielo me cerrara las puertas, por haberle fabricado cárceles a muchos sueños.

Amanecí escribiendo versos malditos, agridulces, insípidos, despiadados y repetitivos, como lo hice ayer y desde siempre. Persistentemente he coloreando con palabras tú sombra y limpiando con ellas, el sudor de mis ojos. Te puse el mote de Orquídea, porque te aferraste como una parásita a mi vida. A veces me asfixias, pero eres mi estrella, mi norte. Rasgaste mis ilusiones, pisoteaste sin querer mis sueños, asustaste a la luz, ahuyentaste a la esperanza, pero sigues fiel como una ladilla; otros piensan que sufro por ellas, las perdidas, las ingratas, pero solo tú, comprendes nuestros inadmisibles silencios. ¿Será que algún día la tragedia nos concederá una tregua o nos obsequié un poquito de sosiego? Hay un cielo azul sobre nosotros; deseo despegar como un pájaro de acero, hasta introducirme por tus venas, como la exhalación de un relámpago. Canto para que no explote el espíritu por las calles; y rebusco las respuestas, hablando conmigo mismo como los enfermos mentales. (¿Cuál enamorado, no lo es?). Tú cuerpo descansará, como descansan los cuerpos de los náufragos, cuando amanecen agonizando sobre el amarillo de las arenas. ¿Por qué tú alma amaneció con la mía, por culpa de esa resaca celestina, que nos borra la voluntad del disco duro?. Estoy casi seguro que nunca volverás a ser, otra de esas criaturas invisibles que pasan de incógnitas por la vida; o que viven escondiéndose con mentiras de la vergüenza. La vida no pierde su razón ni su magia, cuando se nos apagan algunas estrellas. He retenido las imágenes más hermosas, para que tú nombre no sea un fantasma más en el tejado o una de esas absurdas lágrimas que acrecientan, ese irrazonable rosario que he rezado ¡tantas veces!.

Te amo. Deseo seducir con versos tus encantos, para hechizar con placeres mi vida. No me escuches como música vieja, así mi voz tenga el tono de las raíces amargas. Tampoco pretendo ser la sal, que le de sabor tardíamente a tu vida; porque me sentiría como un ladrón nocturno de sentimientos. Desenterrame y entiérrame para siempre en el infierno si lo deseas; si crees que así te puedes liberar para siempre de este demonio.

TU PERRO VAGABUNDO.

 

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