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A mi amada poeta del silencio

Autor: Héctor J. Cediel, de Colombia

 

No es fácil, el aparentar ser cualquier cosa, ni escabullirse dentro de un salón, sin escandalizar a las damas; o pasar por erudito, sabiendo poco de todo. Río a carcajadas cuando me alucino, observando el sol o las estrellas; o cuando me confundo con el público para observar el circo. No es fácil expresarle a una mujer, que belleza de piernas o senos tiene, para gozarnos a cambio de casi nada sus favores; o mantener una dieta equilibrada –inclusive la etílica- mendigando mendrugos con aroma a caviar. Aprendí a expresar “te amos”, como suspiros escapados del caldero del alma; a ganarme caricias misericordiosas con la mirada y momentos ígneos con mentiras piadosas. Construí aventuras de papel, arena, azúcar o de viento; concebí ilusiones fugaces y sin estructura, hasta que terminé enredado en la telaraña del mar negro de la desilusión.
Ah!, nada hay como ser un don nadie. Nada debes, nada tienes, ni se aspira a nada. Siempre impecables para momentos intrascendentales; o vestidos seductoramente para conquistar mujercitas sin plus valía. Nuestros bolsillos desfondados, siempre repletos con sueños utópicos, los trajes brillados de tanto alistarse para nada y las suelas agotadas de perseguir al fracaso. Jamás nos falta un libro o la prensa bajo el brazo. Ah!, nosotros los malditos intelectuales; no producimos más que lástima y desprecio, a pesar de ser los únicos que sentimos e interpretamos el dolor extraño. Abrigamos con nuestra piel sus soledades y con el corazón, le damos ritmo a la agonía de sus vidas. Cuantas veces nos desnudamos de todo el calor o de nuestra piel, para abrigarles la tristeza o el frío de sus sentimientos. A nosotros los Don Nadie, se nos pasa la vida engendrando utopías.
No sé si el ser un Don Nadie, sea un arte o si nos debemos avergonzar. Hace años me regalaste un cuaderno, para que plasmara en él, todas las locas y geniales ideas que brotaran de mi corazón. No entiendo como con un juego de palabras, pudiste retratar al hombre “in” que veías en mí, por: Inteligente, Insaciable, Inmaduro, Inconstante, Inseguro, Inalienable, Inalcanzable, Incomparable, Incondicional, Independiente, Indisciplinado, Insinuante, Inventivo, Inabordable, Incauto, Incógnito, Incomprensible, Incumplido, Incrédulo, Inconstante, In…¿ Porqué será que son tan hermosas, esas cartas que pusimos un día cualquiera, en el buzón de los recuerdos?

Hay caminos del corazón, que siempre se confunden con las líneas que siluetean: Un pubis, unos senos o un cuerpo. Hay tanto desencanto en la sangre de las ilusiones, que es inevitable el repetir esas profundas decepciones. ¿Qué será de ti, lejos del murmullo y de la sombra de los versos? ¿Qué será de ti, lejos de las ilusiones y de los sueños?. Arañando puertas, recorriendo descalza las calles, navegando desnuda a la ciudad; acosada por los colmillos del acero, del ladrillo y del concreto; acechada por la mirada del miedo y de la hambruna. ¿Qué será de ti?. ¡Nada!– contesta el silencio-.Es inevitable que irrumpas el sosiego del tiempo; que broten de la bruma los recuerdos cual fuego, hasta que se encandilen con pasión los sentimientos, por las sensaciones impúdicas de los irreverentes intrusos. Tus besos, tu mirada, tu piel, tu cuerpo y el reflujo de las sombras que se confunden con el tiempo. ¡Las horas se convierten en instantes!, y los momentos: ¡En suspiros fugaces de amor!. Vamos y regresamos al vaivén de la realidad y de la demencia; le besamos el sexo al éxtasis y a las estrellas; nos embriagamos con el regusto del silencio, cuando ensoñamos recuerdos que brotan desnudos de su tumba, bajo el mismo sol de la noche. Regresa. Necesito leer en tu mirada, la razón del silencio. ¡Tantos años!, ¡una vida, sin sentir tus sensuales caricias!. ¡Te extraño tanto mi amor!, necesito saber de ti. No te haré preguntas, ni diré nada que te pueda hacer sonrojar. Los ojos, la piel, hasta el silencio tienen su propia voz. Necesito borrar al fantasma de tantas inquietudes. Saber como te trato él, la vida y el tiempo. Para qué hacer preguntas necias, si no importan las respuestas. Por qué no amarnos, en vez de perder más el tiempo. Por qué no vivir el Sol, con la misma pasión de las flores, mi pequeña burguesita, mi delicioso aperitivo. Regresemos a la montaña, al bosque, al lago a sentir la vida; a embriagar nuestros sentidos con las sensaciones verdes del viento, a navegar sobre el arco iris y las nubes, alumbrados por la luz de la piel y de los besos. ¡Te amo!...y siento que el eco barre lentamente de nuevo tu recuerdo.

¡No sé si me vuelva a ilusionar!...de tanto soñar, tengo sin estrellas las manos, sin ilusiones los pasos, resecos los labios, lacerado el corazón…luché por realidades que el egoísmo hizo utopías; cada vez que grité, nadie tuvo tiempo para escucharme; el miedo nos desunió, nos divorciamos de los sentimientos. Nunca se volvió a preguntar por los desaparecidos, ni por los muertos. Todos fuimos perdiendo ¡hasta perderlo todo!. Desolados quedaron los campos, las fábricas, los bancos; la hambruna revolotea, cual gallinazos por la carroña; de tanto pelear, se acabaron los guerreros y los hombres; ahora solo ambulan fantasmas mendigantes por las calles; la muerte que se sembró en los campos, permanece cual víboras al acecho. Nada volverá a ilusionarnos; nada volverá a ser lo mismo…Tengo desgarrado el corazón, resecos los labios, sin ilusiones los pasos, sin estrellas las manos ¡nacen muertos los versos!

¿Quién será la fantasma diosa, que me acosa?. Desde que despierto, viene hacia mí, desnuda ¡majestuosa!. El pensamiento y la mirada, se fijan en sus cabellos, en su andar, en sus senos y en el lenguaje mudo de su cuerpo, que escucho como un desesperado grito de su ansiedad. Juego al azar, las cartas del destino; mientras me devora el infierno y las palabras del silencio. Sueño de cuando en vez, hermosos imposibles. El tiempo pasa en presente, desde que se congeló nuestro pasado. Vuelo desnudo como un inmenso pájaro, absorbido por el remolino del absurdo de una realidad que no comprendo ni puedo aceptar; todas mis queridas están ahí, cual productos con códigos de barras, en el mercado social de la carne. ¡Siempre están a primera mano sus recuerdos!

Subamos al ascensor a enfrentar al destino y a las fieras; sobre el filo del ser y del no ser, se pueden observar los soles y una galaxia de respuestas. Quiero que se levante el telón, para interpretar la última escena. Harry “ El sucio” es vulgar y mafioso; Tom, calvo, amanerado y sidoso…los puercos se comportan como murtes ¡todos los puercos son deshonestos murtes!; como los barrios bajos de mala muerte y los malos pensamientos. Hay tantos yoes dentro de mí ¡Todos angelicales o demoníacos!, que puedo recorrer sin temor las calles. Desconozco el crack, la heroína o la cocaína, porque reconozco bajo sus disfraces y máscaras, a los heraldos de Belcebú y Busiraco.         

¡Tus labios! ¡Tus labios rojos! ¡Tu cuerpo! ¡Tu voz! Todo en ti, transpiraba sensualidad; viviste sin fronteras, como el infinito o el universo. Sé que paseamos la misma carretera, pero en tiempos diferentes. Me duele contemplarle el rostro y el tejido chambón de las puntadas a mis cicatrices. Soy el navegante, el andariego, el perro vagabundo, que se bajó del tren del absurdo; quizás nunca me subí, tal vez nunca me embarqué conciente; quizás todo fué un espejismo, fruto de la maldita imaginación. ¡Es tarde para engendrar un hijo!. Es tarde para amar; se me hizo tarde para todo. Ahora el futuro es de ellos, de ustedes, de los robots, de los ancianos, de los niños…sé que debemos hacer algo, pero no sé cómo despertar…frente al mar me siento grande e inmensamente insignificante. ¡Siempre serás el cuerpo,  con el que mi corazón se quiso cobijar!

Sin ninguna esperanza, recojo la estela gris de esa oscura lontananza que me persigue, como las huellas del remordimiento o los pasos del olvido. Cuando levanto los brazos, enfrento la inmensa mirada del cielo, que aplasta con su pisada, el anhelo de mis sueños. He descendido como los ahogados, hasta lo mas profundo de la miseria y del alma; donde todo es absurdamente oscuro y confuso; donde el miedo nos impide conciliar el sueño; donde el fuego que se anhela, siempre se asocia con una imagen de amor; como un seno, cabellos o vello púbico, enredado como la atarraya de una araña entre los dedos. No finjas más sentimientos que no sientes; tus labios están ardidos como los besos de la muerte; tú gélido sexo, no expresa ni un verso de amor; tu mirada se pierde entre el tiempo y recuerdos, sin quitarle la vista al cielo raso, o como si te estuvieras inspirando para fingir un orgasmo. ¡Anoche amé a una mujer de mármol! ¡Anoche amé a la carroña de un sentimiento!. ¡Te añoro!.  Así tu recuerdo sea el cirio, que le mide el tiempo a nuestra historia; siento como cada verso, se diluye entre la luctuosa bruma; así como las sensaciones que aspiré de tu cuerpo y las huellas ígneas, que conservé sobre las yemas de los dedos; Imágenes con sabor y aroma a sexo, a rocío y lluvia de hembra; a gemidos del corazón, a rugidos de la naturaleza; basta que surja la idea de amarnos, para que ansíen brotar de la intimidad, de las más secretas profundidades, torrentes de estrellas de fuego; como cuando brota de la tierra magma o muerte de las bocas de los revólveres.

No recuerdo el color exacto de tus ojos. ¡jamás olvidaré el delicioso y complaciente sabor de tus labios!, ni la mirada soñolienta de tú sonrisa, que le cerró con besos las esperanzas a mi vida; como los amantes cuando se despiden para siempre, del cuerpo idolatrado de su amado. ¡No volvió a sonreírme la primavera, ni las flores!. Como esos tesoros ocultos para siempre, te perdiste como un mito por mi corazón y mis venas. ¡Oh, Dios! ¡Hasta cuando perdurará tu recuerdo!, encendido como un fuego fuera de control, por las ardientes manos de un apasionado verano; arrasas sin piedad todo lo que se pone a tu alcance, ignorando el dolor y el daño.¿Será que tu sombra vive, con sed de venganza?. Dios calla cuando no puede darnos respuestas, mientras las brasas lo reducen todo a cenizas. Cierra los ojos. Desnúdate lentamente, porque voy a darle el último beso a tú alma. Tengo que enterrar todos mis delirios e ilusiones, para dejar de desvariar como otro demente alunado por el amor. El amor en exceso sana, pero también enloquece.

La brisa despierta al amor de su letargo. Una gota de rocío se suspende de los labios de una palmera. Los fantasmas de la noche, desaparecen con los sonidos del amanecer. Un velero se esfuma, perseguido por una cuadrilla de aves migratorias…Tu cuerpo desnudo sobre la playa, cubre su intimidad con un velo de arena, como las mujeres en toples cuando se broncean para lucir más apetitosas en la orgiástica cena… ¡Aspira cielo!, ¡aspira vida!, ¡deseo, ansiedad, ganas de vivir!. Ardidos cual fieras desolladas por las brasas y el fuego del deseo, despertamos del idilio y regresamos resignados a atrincherarnos, dentro de los laberintos de acero y concreto. Todo se hará recuerdo y será devorado por la sal del tiempo. Todo volverá a ser, como era antes del alunaútico amanecer.

De tanto buscar la verdad, terminé hablando con un pájaro. El conoce la sabiduría del viento, de la soledad y de los árboles. Le pregunté por los mensajes de las voces del bosque y de las quebradas; sobre el significado de los versos, cuando se demencian los insectos en conciertos, que solo saben apreciar las almas románticas o enamoradas. Quedaron muchas preguntas en los labios y cientos de respuestas en el corazón. Decidí visitar al presidio, donde la naturaleza respira su olvido; las fieras contemplan el paso del tiempo, como si hubiesen perdido las esperanzas o se tuvieran que resignar a observar a la libertad desde lejos, o simplemente imaginarla. El ocio es un reloj sin cuerda y se aferra cual musgo a las piedras, mientras los animales se pasean desesperados, desilusionados, abatidos como los reos que van y regresan, desde y hasta puntos imaginarios que tallan sus huellas. La muerte contempla enjaulada, la mirada de sus verdugos. El desamparo y la impotencia es total. El miedo nos acecha, perseguido por su sombra. La muerte reencarna, en el sueño y la somnolencia de las decaídas fieras. El Rey de la Selva, observa como un guerrero prisionero, hecho eunuco; ya no ruge, ni marca territorios, ni posee un harem que le cace. ¡Aquí hasta la mirada se estrella contra las sombras carceleras! Las águilas resignan el vuelo, ante las murallas invisibles del viento. Todos se conforman a convivir como los muertos, condenados sin razón ni culpa; algunos a cadena perpetua para exhibir su belleza, mientras otros se aferrarán tratando de alcanzar una esperanza o para recoger un mendrugo. Todo parece, paráfrasis de los absurdos del mundo y de la vida. Casi todos apresados y hacinados, dentro del mismo espacio. Cada jaula se asemeja a una celda de los más  inmisericordes panópticos, donde la dignidad nunca es bienvenida. ¡Oh, Dios! Regálame garras para arrancarle al mal, los ojos. No puedo escudarme tras la realidad que se oculta de la sin piedad del silencio. Despiértame de la somnolencia de las boas, porque no soy una serpiente. Permíteme volar como los hombres alados; como otro de tus elegidos, para sembrar semillas de esperanza, de sueños, que se convertirán en realidades, cuando germinen después del invierno.

Mi Amor, sé que no es fácil, entender el porqué vivo rebuscando respuestas. Tenemos que intentar entre todos, parar el tren del genocidio, aunque sea con las manos. Debemos congelar por un tiempo nuestros sentimientos. Un vaso de agua no basta, para tragarnos el amargo del dolor. Cada día la parca apreta un poco más nuestra garganta, casi hasta estrangularnos o cerrar nuestro circulo de vida. Ya se siente la desolación de la tierra y se vive cada día más fuerte, la ira de la naturaleza herida. Se respira miedo, pensar y preguntar, es igual de peligroso; así ya no se pregone desde los pulpitos, que asesinar a un idealista por el color de sus sueños, no es pecado; ahora las manos de los obispos, ya no bendicen las armas, en ceremonias más sofisticadas que las de los sicarios. Nadie ensueña con ilusión el final del camino; podemos tropezar con la muerte al dar un paso; arar la tierra ahora puede ser tan peligroso, como el jugar los infantes en el campo, bajo la mirada y el acecho del sino fatal. ¡El tren del genocidio, embiste descarrilado nuestros sueños!. No es amoroso el color de la sangre;  son los tonos arcillosos de la muerte, que un perro con indiferencia lame, para borrar el siniestro destino y recuerdo de su amo…Hoy vi a los ojos, al dolor y a la muerte; vi perderle brillo a la sangre y escapársele el aroma de floresta a los cuerpos, que siempre serán los poetas del silencio. La mente iba hacia todas partes, estrellándose contra muros invisibles. Un amargo seco me partía los labios; un manojo de espinas, me asfixiaba con sus manos; un enorme peso, se sentó sobre mi pecho y una inmensa tristeza…y un gran desencanto, se apoderaron de mis sentimientos. Otra vez la mano ensalvajada del odio y de la bestia, degolló sin piedad una rosa, un amor, unos sueños. No hay una respuesta, que justifique la demencia del absurdo. Nada sacia la hambruna de los buitres murtes; nadie se compadece del dolor de nadie; nos acostumbramos a vestir de negro y a convivir con el dolor extraño. La desilusión arrastra mis pasos…ni un lucero brilla esta noche…

Contemplo como el paisaje adormilado, aún no despierta. Quizás el miedo se esconde, detrás de la vigilia. Solo respira el verde del paisaje; sé que es de día, por el sol que nace y el canto de los pájaros abriendo las semillas. Ya no acecha la guadaña de la parca, ni la víbora, ni la epidemia. Es la demencia de las manos del hombre. Es el absurdo de una lógica natural, retorcida y malvada. Contemplo la desolación, hasta donde la vista alcanza. La tierra de promisión, es tierra de nadie; hasta los caminos se le minaron al hombre. La tierra se ha maldecido y el aire que se respira, esta contaminado por los aromas de la muerte; como pájaros de mal agüero, va y regresa la caballería de los mensajeros de la muerte, quizás nunca fueron cargados con amor en un vientre como los depredadores murtes; solo conocen el odio y esa sed que despierta la alucinación del dinero fácil. Cada vez escucho más cerca los pasos de los ruidos de la guerra, escondo mis ideas entre las piernas, para que no me reconozca y pase de largo. Somos tantos, que vale la pena apostarle al albur nuestro destino. Cada vez se estrecha el espacio y el número de jugadores, que tienen opción de un espacio digno dentro del mercado de las oportunidades que regala la vida. Alguien ha puesto una botella frente a mí y dos copas; baraja unas cartas, dizque para apostarme la vida; le contesto que después del último trago, aunque ahora, no bebo; casi nunca o muy poco bebo, simplemente me siento frente a ella, hasta que vuelva a convertirse en osamenta.

Esta noche, desde el lintel de la melancolía, como un velador antorchero, rememoro las historias y leyendas, que sobrevivieron tapiadas con el paso del tiempo. Aquí se detuvieron las horas verdes, las azules, las rojas, las amarillas; yo solo contemplo y me intereso por las páginas en blanco. Desde un balcón, también apresado por el tiempo, intento revivir un desfile de imágenes. Locos, perros vagabundos, maricas, mujeres sin plus valía y seudo intelectuales, cada uno interpreta su pantomima. No ví pasar, ni un fantasma señorial. Toda la belleza que observo, son recuerdos paseándose por el tiempo; y construcciones que intentan morir con dignidad de pie en la selva de concreto y acero; hasta el aire que se respira, tiene aroma a pasado y la tristeza siempre será un recuerdo. Silba uno de tantos fantasmas que sobrevivieron, por las rendijas de los zaguanes; por entre los jardines de los patios, por los pasillos empedrados de las casonas; aquí hasta el viento hace poesía. Los dos sabemos bien que por estas calles se paseó nuestra historia; que el silencio monástico de las paredes, no es más que la vergüenza de muchos recuerdos, que hay que callar por temor a Dios o no faltar al sagrado juramento. En muchas de estas casas, hay sepultados recuerdos muy nuestros. Muchos no resucitarán más nunca, así los remodelemos; tan solo escucharemos las carcajadas de sus mitos y leyendas. El poeta cantor de la Calle de las Margaritas, esta perdiendo la vista; las imágenes y los recuerdos de su amada Marquesa de la Candelaria, van muriendo como el paso de los viajeros y la estela de sus recuerdos; ahora le canta a las calles y a la ciudad que azotó un día con sus pasos y su cuerpo; contempla impotente como se sumergen sus huellas, dentro de la neblina del tiempo, mientras aprende a aguardar el tiro de gracia. Escucha distantes sonidos de guerra, no se asusta su desencanto, ni se atemoriza su fatiga. Todo lo que había por sufrir, se ha sufrido. Solo sobrevive, como una antigüedad más de la casona y del barrio. Su agonía se confunde con el paisaje; solo escucha el sonido de las aves, anhelando liberar el miedo de sus alas, para volar guiado por las fragancias que le arranca la brisa, a las pieles de las mujeres.

Hoy, tengo a la soledad y a la tristeza, sentadas frente a mi. Servimos ginebra y nos observamos. No me inmuta ensoñar sus pechos ni sus sexos; después de tanto tiempo de ser extraños, aprendimos a ser amigos incondicionales. No hay respuestas en el absurdo, ni nada justifica el vivir en un absurdo limbo. Una mano invisible empuña un petardo; vuelan pedazos de estrellas color amor, a salpicar el límpido sueño de la profecía. No creo en las predicciones, ni en los agüeros de las cartas que vaticinaron que te irías con un alguien; algo así como un príncipe azul… no creo en los duendes, ni en los príncipes de los cuentos; No hay que ser adivino, ni experto en descifrar misterios, para predecir el destino de las ilusiones de un perro vagabundo; ellas llegan y se van, después de gozar de la deliciosa profanación, que sana las heridas de sus amantes con sacrílega piedad. Si cada una hubiese dejado una huella, mi piel sería una sola llaga. Aunque mis besos no son de esos que matan; cuando se despojan de los miedos para conquistar, derrumban los muros de las prevenciones y facilitan el asalto bucanero. Voy a manejar la lengua como si fuese una daga; cegaré la espiga y las espinas de los erizos. Te invito a cazar luceros; ojos de tigres al acecho, rasgan las sombras del miedo. Piel de nadie. Ángel muerto.

Siempre llegaste, antes o después, a la vida de todos. Me encanta la desinhibición en el reservado, donde liberabas el deseo como una ardorosa hembra. La fantasía se confunde con el fuego y  las estrellas. Nada sacia la sed, ni la ansiedad de tus labios; nadie nos comprende, mejor que nuestras amantes; que importa que sepas el lugar o espacio que ocupas; los enamorados simplemente esperamos a la primavera y la primavera puede tardar, pero llega. ¡Siempre serás la milagrosa poeta de mis silencios!

Te amo, con la misma pasión de siempre

EL PERRO VAGABUNDO

 

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